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La Silla Entorpecida

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Tendría que empezar por contarles que después de un accidente cerebral quedé con problemas motrices graves  y generales. Además, como pertenezco a una familia con un gran historial político, el voto no es solo un derecho de los ciudadanos sino un deber, entonces me levante el domingo 9 de marzo a votar, como es debido para todo colombiano.

Yo tengo inscrita mi cédula  en Bogotá en el Liceo Francés, me fui con mis dos hijos y adivinen, no había parqueo delimitado para las personas en situación de discapacidad. Bueno que hacer, votar es un deber, entonces con ayuda de mis hijos me bajé del carro, bajamos la silla de ruedas en la calle 85 con séptima enfrente a la entrada del Liceo. La calle totalmente empinada, con mucha dificultad se puede uno mover en una silla de ruedas sin rodar hasta la carrera 11. Mi hijo sostenía la silla de ruedas por atrás con fuerza y mi hija trataba de abrirse paso, finalmente entramos a un corredor lleno de gente que fuimos desplazando y entramos a las instalaciones del Liceo Francés.

Aliviada noté que había un ascensor para discapacitados, me subí  –pues yo  estaba en un segundo piso y votaba en el primero– y el ascensor se dañó, quedó trabado y el botón de emergencias no funcionaba. Afortunadamente una señora se dio cuenta y buscó ayuda, entonces comenzó la larga espera para que alguien forzara la puerta para abrirla, después de unos quince minutos lograron destrabar la puerta pero el ascensor ni bajaba ni subía y nunca lo pudieron arreglar. Se podrán imaginar que no había una rampa  por ninguna parte para la silla de ruedas,  entonces mi hijo y un policía me bajaron por las escaleras, otra gran odisea.

Ya en el primer piso pensé que podría cumplir mi deber ciudadano sin más percances. Clar,o hasta que llegué a mi mesa de votación y noté que los cubículos diseñados para depositar el sufragio solo incluyen personas que se puedan parar, la altura del cubículo me daba en la frente, pregunté si podía votar sobre un escritorio y me dijeron que no. Se reunieron los jurados de mesa, hablaban pasito y como gran solución decidieron que podía entrar una persona conmigo para ayudarme a votar, eso sí, solo una.

Finalmente, cumplí con mi deber y ejercí mi derecho al voto pero esto no evita pensar que el derecho al sufragio es universal y esto incluye a las personas en cualquier situación de discapacidad.

El sufragante en situación de discapacidad debería tener unos sitio especiales para inscribir su cédula. Estos puestos de votación deben tener una mesa especial para los discapacitados en donde una persona con conocimiento los ayude a ejercer tan importante derecho, estos puestos de votación deben  incluir cubículos a la altura de una silla de ruedas, alguien que conozca el lenguaje de signos y algunas papeletas en braille –lenguaje para los ciegos–.

Este año tendré que ir dos veces más a ejercer mi derecho al voto, lo haré con temor por lo que pueda suceder, pero espero que muy pronto el gobierno nacional, dando cumplimiento a la constitución, le garantice condiciones apropiadas a todos los electores colombianos, incluyendo a personas en situaciones similares a la mia.

Bertha Olga Ospina Duque

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